11 de marzo de 2004
El acontecimiento más trágico que tenemos la desgracia de contemplar sucede ese día en la ciudad donde vivimos, Madrid. Como es bien sabido, unos desalmados sin saberse muy bien qué propósitos, asesinan a 192 inocentes, dejan heridos a más de 1.500 personas y a toda una ciudad y un país atónitos y sobrecogidos.
No quisimos ocultárselo a los niños. Es importante que desde el principio se sientan partícipes de una sociedad, con sus aspectos positivos, y también los negativos. Los niños vieron algunas imágenes. Fuimos con ellos a visitar las estaciones de El Pozo del Tío Raimundo (donde murieron casi 80 personas), y la estación de Atocha (donde murieron entre dos trenes casi un centenar). Allí pusieron sus velas, y decían: "unos malotes han puesto unas bombas y han roto el tren. Muchos niños se han quedado sin papá ni mamá. Estamos tristes".
Quisimos con ellos dejar nuestros testimonio de solidaridad con las víctimas.

Hicimos un crespón que colgamos en la pérgola de la terraza.
En la estación de Atocha
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