Primavera 2003

Una nueva estación está a punto de germinar...

20 de marzo de 2003. Paula, Silvia y Sergio

¡Qué rápido pasa el tiempo! ¡Cómo crecen los niños! En estos días nos acercamos a la edad conocida como "los terribles 2 años", o la "primera adolescencia". Los niños corren, saltan, quieren probarlo y experimentarlo todo, ellos solos... se frustran si algo sale mal, hay algunas rabietas. Pero siguen dando muchas satisfacciones, la mayor, que están completamente llenos de salud.

Ya están empezando a hablar. He aquí un breve diccionario:

Adiós Adiss
Hola Hola
Mamá Mamá
Papá Papá
Perro Guo guo
Chupete Tete
Aquí, allí, ahí Aquí, allí, ahí
Triciclo Quiclo, ticlo
Patata Patata
Ya está Tate
Pájaro Pipi
Galleta Gaiyta
Otro, otra Oto, otda
Moto Oto
Gato Mau
Pato Pato
Fruta Puta
Reloj Teta ó Tita (por tic-tac)
No No
Nene Nene
Llorar Mua
Abuelo, a Abue
Agua Avua
Paula Pala
Vaca Mu
Pan Pa
Más Ma
Pez P-p
Caca Caca

(Así que claro, cada vez que vamos al mercado, nos suelen mirar mal por ejemplo cuando Paula le dice a una señora puta, cuando en realidad está señalando la fruta, y a la vez Silvia dice a voz en grito ¡Teta!, cuando lo que ve es un enorme reloj en una pared).

Los 3 regando las plantas en la terraza 17 de abril de 2003

 

Un fin de semana (del 9 al 11 de mayo) nos liamos la manta a la cabeza, y nos fuimos de cámping a Navaconcejo, en la provincia de Cáceres, en pleno Valle del Jerte. Un lugar precioso en el que los niños disfrutaron como hacía tiempo. ¿Qué como nos las apañamos sólo 2 padres para 3 niños que no paran de moverse? Bueno, difícil de explicar...

Primero, escogimos un lugar que nos pareció adecuado (un cámping, con unos bungalows equipados, con áreas de recreo, cerca de un núcleo de población); en una época adecuada (primavera, buen tiempo, no mucha aglomeración de gente); y nos llevamos todo lo necesario (la casa a cuestas, vamos).

Recién llegados. Los bungalows tienen hasta garaje para dejar el coche.

Los bungalows están en el cámping Río Jerte, en Navaconcejo. El precio, irrisorio (poco más de 100€ el fin de semana), y los bungalows estaban bastante equipados.

Interior del bungalow. Dormimos todos juntos en la buhardilla, poniendo todos los colchones en el suelo. Es la primera vez que los niños dormían fuera de la cuna, y ¡durmieron!

Suerte que cada bungalow tenía una amplia terraza cerrada. Ahí los niños podían pasar un rato jugando. (Aunque al final siempre querían escaparse)

Dentro del cámping, al estar poco poblado, los niños corrieron a sus anchas. Al fondo se ven los bungalows de piedra.

Había un pequeño parque infantil. Como eran los únicos niños, pudieron disfrutar sin esperar turnos. (De no ser así, el parque infantil ni olerlo)

Uno de los sitios favoritos de los niños: los lavaderos, donde había escaloncitos que subir, piedras que amontonar y paredes donde esconderse

La experiencia resultó estupenda y recomendable. Eso sí, hay que tener todos los por-si-acasos preparados. Y aún así siempre surge cualquier pequeño imprevisto.

Ya de vuelta en Madrid, los niños celebraron las fiestas de San Isidro, patrono de la ciudad, disfrazándose con unos disfraces made in Mamá-en-media-hora-ayudada-por-Papá. ¡Cómo disfrutaron después en la guardería!

14 de mayo de 2002. Víspera de San Isidro. Sergio, Silvia y Paula, disfrazados de chulapos madrileños.

En la Guardería, comiendo las rosquillas tontas y las listas.

 

Volver a Casi un Diario

Inicio